Miedo

Miedo.

Miedo a lo común y miedo a lo extraño. Miedo a hacerse mayor y a nunca llegar a serlo. Miedo al mucho fracaso y al poco éxito. Miedo al futuro por ser desconocido y al pasado que deja cicatriz. Miedo al que dirán y a lo que no se dice. Miedo si te miro, miedo si me miras. Miedo a la fobia, fobia al miedo. Miedo a tener demasiado de eso y muy poco de aquello. Miedo en tus palabras que generan miedo en las mías. Miedo a no haberte entendido, miedo a no haberme explicado. Miedo si lloras, miedo si ríes (demasiado). Miedo a tener algo y miedo a perderlo. Miedo por tus hijos, miedo por tu pareja, miedo por tus padres. Miedo en la consulta, miedo en el pasillo. Miedo.

Reflexiones tras un día en la consulta de atención primaria.

 

5 VISIONES, EN BUSCA DE 1 REALIDAD

Dos y más visiones de la realidad sanitaria. De la clínica a la sociología, concordancias y discordancias” – SIAP Murcia del 25 a 26 de noviembre 2016

CASO 11.  Llaman  a domicilio al médico de cabecera. La anciana, de 85 años, se ha  caído y no puede andar. En la visita, de la médico y enfermera de  primaria, es evidente que la anciana tiene fractura de cadera. Se  cayó por la noche, al levantarse a tomar agua. Tomaba un hipnótico  hacía años, además de tratamiento para el Parkinson, diabetes,  colon irritable, hipertensión y osteoporosis. Punto de vista de la  médico, enfermera, hija con la que vive la anciana y farmacéutico  que había mandado una nota al médico por los muchos medicamentos  que tomaba la anciana.

PUNTO DE VISTA DEL MÉDICO

Elena quería ser otorrinolaringóloga pero los entresijos de la vida (y una no demasiado buena posición en el examen MIR), la llevaron a acabar haciendo la especialidad de medicina de familia. Antes de empezar la especialidad tenía una visión muy poco realista de lo que “se cocía” en las consultas de atención primaria. Recordaba una única semana  de prácticas en tercero de carrera en la que se pasó las mañanas enteras sentada al lado de una doctora, que más parecía una administrativa que alguien que le fuera a enseñar demasiado sobre el mundo de la medicina.

Sin embargo cuando empezó la especialidad cambió bastante su punto de vista, seguramente gracias también, a la ayuda de Miguel, su tutor. Elena empezó a creer en el importantísimo papel del médico de familia, no sólo como puerta de entrada al mundo sanitario sino también, como alguien dispuesto a escuchar a esas personas que abrían sus corazones y dejaban en cada visita un trocito de su ser. Y ante esta marabunta de sensaciones se sorprendió a sí misma, dejándose impresionar por algo que hasta el momento nunca había valorado.

Hace ya 3 años que Elena acabó la especialidad. El último año fue duro, muy duro. Le tocó enfrentarse a la cruda realidad de la consulta diaria, con un cupo de pacientes que aunque había ido conociendo durante esos 4 años, estaban demasiado “enganchados” a su médico, Miguel. Cuantas veces escucho a lo largo del año: “¿Dónde esta mi doctor?”, “¿No me podrías dar hora otro día para el doctor Pérez?, es que él me conoce mejor…”, “¿Tú que eres, la sustituta?”. A pesar de ello y ya en los últimos meses, después de muchas horas en la consulta, había conseguido superarlo y se había ganado al final, el corazón y la confianza de muchos de sus pacientes.

Hace cuestión de medio año la llamaron para ofrecerle empezar a trabajar como interina en un centro de salud alejado de Barcelona, la ciudad donde siempre había vivido y en la cual se había formado. En los últimos años había estado trabajando en el centro de salud dónde se formó tan solo durante periodos cortos de 1 o 2 meses cubriendo bajas, o pasando las agendas de otros doctores, sin llegar nunca a conocer a los pacientes que tenia delante, y eso sin duda, la había quemado. Al principio tuvo dudas sobre si aceptar o no el trabajo, porque ello suponía trasladarse a otra ciudad y dejar muchas de las cosas importantes que formaban parte de su vida, pero finalmente se decidió a dar ese paso porque pensó que tener su propio cupo de pacientes era lo que ella realmente deseaba para poder tener esa visión de longitudinalidad de la que se había llegado a enamorar.

Su inicio en el nuevo centro estaba siendo complicado: un lugar nuevo, con gente nueva y con maneras de trabajar distintas a las que ella estaba acostumbrada. Le estaba costando gestionar muchos asuntos de su nuevo lugar de trabajo pero sin duda lo que peor llevaba era tener que lidiar con una gerencia empecinada en disminuir los gastos y cumplir con los objetivos fijados, que parecía haberse olvidado de cuál era la función principal de los médicos.

Elena no se sentía agusto con esta  nueva situación. Tenia sensación de descontrol en la consulta, preocupada siempre por intentar cumplir con aquello que se le pedía y con la mente en mil sitios. Sabía que por culpa de ello estaban pagando las consecuencias sus pacientes y sus compañeros de trabajo (especialmente su enfermera Gemma, la cual siempre intentaba ayudarla con los pacientes que ella hacía años que conocía). El otro día por ejemplo se acordaba de haberle contestado de una manera muy impertinente a Gemma, después de que ella le ofreciera ayuda con el plan de medicación de la señora Paquita, una mujer mayor con un Parkinson evolucionado, que vivía con una hija super protectora y que había consultado en el último mes hasta en 3 ocasiones por ansiedad e insomnio.

Hoy lunes, después de un fin de semana de reflexión en el que Elena se ha planteado si realmente quiere seguir con esta dinámica que no la lleva a ningún sitio, llega a la consulta temprano y empieza a pasar visita intentando escuchar con interés cada una de las historias que sus pacientes le relatan y dejando entrever esa sonrisa que parecía que en los últimos meses había desaparecido. Al cabo de media hora, Gemma le comenta que hará un par de minutos ha llamado la hija de la señora Paquita. Le explica que según le ha dicho, esta noche al despertarse para ir a tomar un vaso de agua se ha caído y que aunque la ha vuelto a poner en la cama sin demasiados problemas, esta mañana no paraba de quejarse de dolor, siendo casi imposible moverla. Le explica que les ha comentado que a lo largo del dia pasaran a visitarla en el domicilio.

Y mientras pasa la mañana Elena no deja de pensar en lo sucedido: “tendría que haber escuchado con atención lo que el otro día Gemma intentaba decirme”, “¿por qué está tan nerviosa la señora Paquita como para no poder ni dormir?”, “¿por qué no la escuche en su momento con la atención que se merecía?”.

PUNTO DE VISTA DE LA ENFERMERA

Este será el décimo octavo año desde que Gemma empezó a trabajar como enfermera en su centro de salud. Desde entonces ha tenido la oportunidad de conocer muy bien a cada uno de los pacientes que pasan por su consulta: sus preocupaciones y limitaciones, sus desengaños con el mundo sanitario y sus inquietudes vitales. Hija de médicos decidió estudiar enfermería porque le parecía un oficio mucho más próximo a los pacientes y supo que quería ser enfermera de atención primaria después de estar durante un tiempo largo trabajando en las urgencias de un gran hospital, donde veía diariamente como se deshumanizaba su profesión.

Gemma siente verdadera vocación por su trabajo, pero desde la llegada de Elena, esa nueva doctora a su UBA (unidad básica de atención), empieza a sentirse bastante incómoda. Cuando Gemma ve cómo trabaja y el poco interés que le muestra, se escandaliza. Parece que sólo le interesa empezar y terminar a su hora aunque esto signifique no atender a sus pacientes como se merecen, seguir a rajatabla todos los protocolos establecidos y ser dependiente estricta de esos objetivos, a veces un tanto locos, que la empresa para la que ambas dos trabajan estipulan. Gemma se da cuenta ahora de lo mucho que echa de menos a Mercedes. Mercedes era la anterior doctora con la que Gemma trabajó. Ella era de esas doctoras que amaba su profesión, preocupada por cada uno de las personas que llegaba a su consulta, y dedicada en cuerpo y alma a dar el mejor de los tratos que ella pudiese ofrecer. Juntas formaban un buen tándem y sus pacientes agradecían y vanagloriaban esa sincronía entre ellas. Sin embargo, hará cuestión de 1 año Mercedes se jubiló después de 30 años en el centro de salud.

Desde la marcha de Mercedes y la llegada de Elena, la nueva doctora, Gemma tiene una indescriptible sensación de descontrol con muchos de los pacientes de su cupo pero especialmente con esos pacientes ancianos y pluripatológicos en que hace tanta falta realizar un buen seguimiento por parte de enfermería y medicina.

La semana pasada Gemma visitó a Paquita, una mujer de 85 años hipertensa y diabética y con un Parkinson invalidante de años de evolución que le limita bastante la vida, motivo por el cual convive con su hija María. Gemma aprovechó esa visita de seguimiento de la diabetes (que realiza de manera regular cada medio año) para valorar la adherencia al tratamiento, después de que María  le comentara que tenia la sensación de que en los últimos su madre había hecho un “bajón” y que ella lo relacionaba con el hecho de que la doctora había añadido 3 fármacos más de los habituales.

Gemma leyó la receta electrónica: losartan/hidroclorotiazida, lorazepam, diazepam, metformina, repaglinida, insulina, calcio, vitamina D, levodopa, simvastatina, omeprazol y paracetamol. Hasta 12 fármacos y en total 18 pastillas al día para Paquita, siendo dos de ellos benzodiazepinas y tres fármacos para el control, eso si estricto, de la diabetes. Gemma se lo comentó a Elena de manera prudente al final del día (ella sólo es una enfermera y sabe que al final en tema de prescripción es SIEMPRE el médico el que manda), pero tuvo la sensación de que no le hacía demasiado caso: “Gemma, si es lo que necesita no hace falta cuestionar nada. Esta mujer hace lo que quiere en casa, se salta la dieta y el tratamiento “a la torera”, y su hija también, déjala correr, menuda perla”.

Hoy llaman al centro de salud a las 09h de la mañana. Gemma coge el teléfono y es María, la hija de Paquita. María le explica que su madre se ha caído esta noche al despertarse para ir a tomar un vaso de agua, y aunque la ha vuelto a poner en la cama sin demasiados problemas, esta mañana no paraba de quejarse de dolor siendo casi imposible moverla. Gemma acuerda con María que durante la mañana pasarán a verla junto con la doctora.

Y mientras pasa la mañana Gemma no deja de pensar en Paquita: “¿tendrá que ver esa caída con la gran cantidad de medicación que estaba tomando?”, “¿podríamos haber hecho algo para evitar esa caída?”, “¿que le debe pasar a Elena por la cabeza?”.

PUNTO DE VISTA DE LA HIJA QUE VIVE CON LA ANCIANA

María tiene 54 años y es la mayor de 3 hermanas. Fue la única que se quedó soltera o “para vestir santos” como dicen en su pueblo natal, una pequeña localidad llena de encanto en Andalucía. Desde que sus hermanas se casaron y se fueron de casa, le ha tocado lidiar con “la carga” de cuidar de sus padres. Al principio era fácil, porque tan solo los llevaba al médico y les ayudaba con la medicación, que para aquel entonces era poca y controlable, pero todo se complicó cuando a su padre le diagnosticaron ese Alzheimer que revolucionaria el domicilio de arriba a abajo.

Años más tarde, después de que finalmente su padre falleciera, fue Paquita, la madre de María, la que empezó a estar mal. De manera repentina, empezó a caerse frecuentemente y a tener un cierto temblor que le limitaba de manera importante la vida, convirtiéndose María, en su bastón. Fue entonces, después de muchas visitas a médicos especialistas, después de muchas dudas y muchos temores, cuando finalmente le diagnosticaron la enfermedad de Parkinson a su madre.

Al saberlo María lloró. Ahora les habían confirmado ese diagnóstico que ella había supuesto hacia tiempo, pero no estaba tranquila; casi prefería vivir de espaldas a esa palabra. Otra vez, pasar por lo mismo? Otra vez tener que ser los ojos, oídos, manos, pies y cabeza de otra persona? Otra vez sufrir y ser fuerte? María no podía más!

Hoy por eso está contenta y nerviosa a la vez. Contenta, porque gracias a la trabajadora social de su centro de salud, ha conseguido que venga 2 horas al día una mujer que la va a ayudar y que le dará unos minutos de aire diarios para que pueda desconectar y salir a hacer todos esos recados que se van acumulando. Nerviosa, porque ha quedado después de muchos años con aquellas amigas con las que antes de encontrarse con todo el follón en su casa, acostumbraba a quedar para ir a pasear por el barrio. Seguramente por eso, lleva toda la noche en vela.

De repente, escucha a lo lejos un golpe y un chillido. Se levanta de la cama y va corriendo hacia la habitación de su madre desde dónde parece que ha llegado el ruido, y se la encuentra en el suelo. Se ha caído…de nuevo.

PUNTO DE VISTA DE LA PACIENTE: PAQUITA

Paquita lleva toda su vida sufriendo. Recuerda cuando de pequeña tuvo que convivir con los estragos de esa guerra civil española que se llevó a su padre cuando ella tan solo tenía 4 años de edad. Más tarde recuerda cómo tuvo que sufrir cuando, siendo la mediana de 5 hermanos, tuvo que asumir que su sueño de ser abogada no llegaría a buen puerto porque en casa se necesitaban más manos que trajeran comida diariamente. Posteriormente sufrió cuando conoció a su marido, Roberto, un hombre sencillo de familia honesta como la suya pero que andaba en temas de política y por los cuales en su casa no estaba bien visto.

Sufrió también con ese primer embarazo que terminó en aborto y luego con los tres partos en casa de sus tres hijas, en los que perdió litros y litros de sangre. Ya de mayor sufrió al ver a su marido Roberto perder la memoria y los recuerdos compartidos con ella de manera progresiva, por culpa del maldito Alzheimer. Y el día en que finalmente murió después de estar varias semanas en un hospital donde sintió que se les trataba como simple ganado. Paquita lleva toda su vida sufriendo.

Hace unos meses, al acudir a la visita con el Neurólogo programada por su increíble médico de familia Mercedes que desgraciadamente se había jubilado recientemente, le explicaron que tenia una enfermedad de extraño nombre (algo así como ¿Parkinson?) relacionada con algo de los nervios, que era crónica y que le iba a ir limitando sus capacidades sobretodo para la marcha de manera progresiva. El neurólogo le explicó que por este motivo debería tomar una nueva medicación de manera diaria y seguir controles habituales con él.

“Otra más” se dijo a sí misma. Estaba harta de tanta medicación. “A mi nadie me ha preguntado sobre si quiero o no quiero. A demás, la única que me va bien a mi es la pastilla de dormir”. Y además, tenía la sensación que desde la marcha de Mercedes, cada vez la cosa iba a más. Desde que había llegado esa nueva doctora jovencita a la consulta ella había ido a peor: lo notaba.

Hoy Paquita, como cada día, ha abierto los ojos a las 5 de la mañana y sabe que ya no va a dormir más. Empieza a pensar en todas las cosas que le han pasado recientemente y de nuevo cae en la obsesión de su sufrimiento: “Si no fuera por mí María, quizás ya estaría yo muerta”. Se levanta de la cama, inestable, tambaleante, con la cabeza un poco “embotada”. Anda hacia la cocina en busca de un vaso de agua y de repente, se cae. Le duele mucho y llora. Parece que lo se sufrir esta tatuado a fuego en sus genes…pero ¿hasta cuando?

PUNTO DE VISTA DEL FARMACÉUTICO: ESTEVE

Esteve es el farmacéutico comunitario del barrio desde siempre. Heredó la farmacia de su padre, también farmacéutico. Han sabido ganarse su lugar, porque aunque hay farmacias más grandes, abiertas 24h, ellos sobreviven con su pequeña farmacia de barrio. No es que no le guste el dinero (a nadie le amarga un dulce) pero él siente su profesión como una verdadera vocación de servicio a las personas.

Desde que hizo un curso en el colegio oficial de farmacéuticos y se acreditó para ello, ofrece a los pacientes polimedicados un sistema personalizado de dispensación  (SPD). El único inconveniente que tiene este sistema es que hay que pagarlo. Todas las farmacias se han puesto de acuerdo, y aunque el precio cubre los gastos, hay pacientes que no se lo pueden permitir (pero Esteve piensa que es un tema de prioridades, bien que compran otras cosas menos importantes para su salud)

La relación con el centro de salud también es importante para él. Le sabe mal que lo vean como un mero negociante, cuando él se siente un agente de salud, comunitario. Intenta coordinarse, pero los médicos de familia van siempre tan atareados… Pese a todo, cuando hace 15 días vio la receta electrónica de Paquita, pensó que tal vez mucha prescripción era inadecuada. Le preocuparon especialmente las benzodiacepinas. Le escribió una nota a su doctora,  que le dio a su hija María, para que se la llevaran pero aún espera respuesta.

CUESTIONES A DEBATE

  1. El empoderamiento del paciente, toma de decisiones y principio de autonomía.
  • ¿Hasta qué punto hacemos partícipes a nuestros pacientes de su propia salud?
  • ¿Cuánto conocemos de las expectativas y esperanzas de nuestros pacientes?
  1. Cuidadores y sobrecarga
  • ¿Somos conscientes los profesionales de los costes invisibles del cuidar?
  • ¿Puede un cuidador cuidar sin descanso?
  1. La realidad es la suma de muchas miradas
  • ¿Que supone una mirada integral e integrada a la realidad?
  • ¿Somos conscientes del regalo que supone trabajar en equipo con el paciente?

 

AUTORAS

  1. Esther Limón Ramírez – Médico de familia en CAP Mataró 7
  2. Anna Pujol Flores – R2 de MFyC en CAP Riu Nord-Riu Sud (Santa Coloma Gramanet)

 

 

El gran doctor

Lo oigo llegar por el pasillo. Hoy el “gran doctor” llega tarde a su consulta (como casi cada dia). “Que más dará, llevan más de medio año esperando…por 15 minutos no se morirán!”, dice en voz alta mientras su enfermera sonrie y asiente con la cabeza, dandole la razón como a los tontos.

Él, casi un ser supremo. Yo, una simple residente de medicina de familia de primer año (“Ah, pero no te dio para nada mejor?”). Él, es como Messi. Yo a su lado, una jugadora de tercera regional recien llegada a la que “le queda tanto por aprender”. Él, un doctor de pies a cabeza, con más titulos que la nobleza; uno de esos a los que un dia se les olvidó (o quizas nunca supieron) lo que supone ser médico.

Lo miro fijamente mientras se pone su bata blanca e impoluta y entrecierro los ojos. Me parece verle levitar a unos centimetros del suelo; solo me lo parece.

Despues de casi 20 minutos comentando la jugada con sus compañeros (y ya van 35 minutos de retraso), tiene a bien empezar a pasar visita sentado en su gran trono. “Que pase el primero. A ver que narices le pasa”.

El paciente entra temeroso a la consulta. “Buenos dias, señor doctor”. El “gran doctor” no tiene tiempo que perder. Hoy tiene comida en aquel gran restaurante con su amigo el del maletín.”Bien usted dira…”.

Escribe cuatro cosas y pregunta dirigidamente, no vaya a ser que el paciente se vaya por las ramas. En cierto momento me da la sensación que establece contacto visual con el paciente, pero solo es una sensación. En verdad, esta mirando el reloj de la pared (un regalo de aquellos que cada año recibe y si no, reclama a su amigo el del maletin), mientras piensa en lo lentas que pasan las horas.

Escribe cuatro cosas más y se dirige al paciente: “A la camilla que lo miro”. Y eso hace, mirar sin observar, sin explorar; tan solo mirar. Pero es que no lo necesita. El es el “gran doctor”. 

“Bien, doctora, usted dirá. Que tiene el paciente?”. Ahora la temorosa soy yo. Tartamudeo y suelto una palabra cohibida. El “gran doctor” sonrie. “Seguro?”. Digo otra palabra. “Ui, que mal la veo doctora”.

Después de esto, viene su turno. No balbucea, esta convencido. “Fuma verdad?”. El paciente asiente con la cabeza y suelta un: “Ahora mismo estoy pasando por un mal momento”. Pero eso al “gran doctor” no le interesa lo más mínimo. Él esta alli para salvar vidas, no para escuchar las miserias de nadie. “Lo que tiene es algo malo. Veremos lo que puedo hacer por usted”. Lo deja ir como un peso muerto, sin tener en cuenta a la persona que tiene delante suyo. Para que?

Y así pasa la mañana el “gran doctor”, hasta llegar al último paciente. Se saca la bata, sonrie con su dentadura perfecta y deja ir un: “Bueno doctora, hoy ha aprendido medicina eh?”.

 

 

La Maria

Avui ve la Maria a la consulta, acompanyada com sempre, del seu marit i la seva filla. Com sempre, ve mudada amb una jaqueta i faldilla de color blau marí i duu un collar d’aquells, que saps, tenen una bonica història amagada al darrere. S’asseu a la cadira, em mira i somriu. Li torno el somriure. No ens calen més paraules. I és que ella, és una d’aquelles pacients que mai et podràs treure del cap, una d’aquelles persones que romanen a la teva memòria i que et generen un sentiment difícil d’explicar.

Encara recordes el primer dia que la vas conèixer, no fan tant. Recordes com entretallat i entre llàgrimes, el seu marit t’explicava la seva història i et va dir: “S’apaga poc a poc, com les bombetes” . Recordes com ella mentrestant, absorbia cada un dels elements de la consulta, conscient que en poca estona poder ja no els recordaria. Recordes el seu somriure com de nena petita que acaba de fer una trapelleria i la seva mirada perduda, que inconscientment buscava una explicació a tot plegat.

Avui ve la Maria a la consulta, acompanyada com sempre, del seu marit i la seva filla, als quals ja no reconeix. Com sempre, ve mudada amb una jaqueta i faldilla de color blau marí i duu un collar d’aquells, que saps, tenen una bonica història amagada al darrere, que ella ja no recorda. S’asseu a la cadira, em mira i somriu. Li torno el somriure. No sap qui sóc. No ens calen més paraules.

https://www.youtube.com/watch?v=CUrIi3nyvlA   (Cuidadores – Oskar Tejedor)

http://cuidadoreseldocumental.blogspot.com.es/p/trailer.html

Ser medico de familia no es fácil

Ser medico de familia no es fácil. Siento decepcionar a todo aquel que pensó por un instante que lo era. Y a todo aquel que por un momento se planteó el porque de la existencia de esta especialidad tontuna, que aún a día de hoy, sigue siendo “de segunda división”.

Y es que ser medico de familia, no es fácil. En absoluto. Ser capaz de entender a Carmen, una abuelita de 83 años que llama des de su casa un sabado por la mañana porque des de hace tres días se nota las piernas hinchadas, y que en el fondo se siente muy sola porque este fin de semana su hija ha decidido irse a un camping con su marido y sus hijos. O comprender a Mohammad, que llega a la consulta de urgencias con un dolor lumbar de 1 año de evolución y que no ha consultado antes porque no tiene tiempo de venir ya que se pasa el día trabajando para ayudar a su familia. O ver la cara de Lucia, a la que le acaban de diagnosticar un cáncer de mama con tan solo 32 años y a la que la vida se le resbala entre las manos de repente justo cuando se planteaba ser madre. O escuchar a Lola, una mujer de 70 años a la que diagnosticaron un Alzheimer y que hoy viene con su hijo y su marido,a los que ya no reconoce des de hace 3 meses, y que cree que tu eres su amiga del pueblo de toda la vida.

No es fácil.

No es fácil escuchar, pensar, decidir y resolver los problemas de Juan y María en 6 minutos, que hoy han decidido hacer una lista de “cosillas tontas” para no olvidarse de nada aprovechando que vienen a verte. O controlar las llamadas dentro del centro de otros compañeros, consultas telefónicas de los pacientes, o interrupciones en la consulta de otros profesionales, cuando tienes delante a Claudia que des de hace aproximadamente un mes se siente triste, no sale de casa y no entiende porque debe seguir luchando por esta vida. O intentar hacer entender a David que debe conseguir dejar el alcohol, que a él le sirve para curar sus heridas, pero que en realidad le esta haciendo perder la salud a marchas forzadas.

No es fácil. Para nada.

Y es que ser medico de familia, es ser aquel medico que en un principio todos visualizamos cuando éramos pequeños. Es ser aquel medico que venia a casa con su maletín relleno de depresores linguales, y se sentaba cerca de tu cama cuando casi en coma después de haberte pasado una noche con fiebre y vómitos, venia a visitarte siempre con esa sonrisa. Es ser aquel medico que sabia, sabe y sabrá tanto de ti como tu mismo, y siempre estará dispuesto a escucharte cuando tengas algún problema. Es ser aquel medico del que tu abuela siempre habla maravillas: “A mi que no me lo cambien eh?. Que mi doctora de familia es un amor”.

Y es que no, ser medico de familia no es fácil. Pero si apasionante!

Felices sueños

CIMG2285En este mismo momento, cierro los ojos y recuerdo ese lugar. Recuerdo el aire que allí se respiraba hace justo un año y ese ajetreo de sentimientos. Recuerdo un sinfín de emociones que llenaban la sala y dejaban sin aliento a más de uno. Recuerdo las lagrimas y el vaivén de recuerdos que se aposentaban en nuestras cabezas. Recuerdo a padres, madres, hermanos, hermanas, abuelos, abuelas, amigos y amigas: sus sonrisas orgullosas. Recuerdo que pensé: “Disfruta de este momento, porque es irrepetible”. Y entre tanto recuerdo, uno destacado. Esa frase que se repetía hasta la saciedad: “Ya sois médicos y lo seréis para siempre”

Hoy, ya ha pasado un año. Un año des de que me gradué en la facultad, y en el que he aprendido y he crecido como persona de una manera increíble. Lo miro con perspectiva y no puedo hacer otra cosa que sonreír. Sin duda, ha sido un año complicado pero uno de los más felices de mi vida. He superado obstáculos y he conseguido aquello que como vosotros hoy, me planteaba mientras escuchaba a profesores y compañeros hablar des de lo alto del escenario: ser feliz.

Así pues amigos, DISFRUTAD. Disfrutad de esta aventura que justo hoy empieza y luchad por vuestros sueños, porque no hay nada más bello que hacerlos realidad. Pero sobretodo, no olvidéis una cosa: “Ya sois médicos y lo seréis para siempre”.

81 días

Si. Antes de empezar esta carrera de fondo, me prometí a mi misma dedicarme unos minutos de desahogo y opinión diarios. Me prometí que intentaría hacerlo fácil. Sin presiones y tal. Me prometí que la parte de competitividad no me taladraría la mente y que el numerito comparativo y maldito que las academia tan malévolamente ponen a tu disposición en las aplicaciones informáticas, seria sólo eso, un numerito más. Me prometí muchos minutos de descanso, una hora de gimnasio y tan solo dos cafés diarios. Me prometí que seria un examen más: “Total, no necesito demasiado”

Que fácil era decirlo en la lejanía, uno de aquellos ahora lejanos días de vacaciones que gracias a Dios nos regalaron en junio, justo después de celebrar la Graduación y antes de empezar a estudiar para el MIR. Que difícil cumplirlo ahora que lo vivo en “mis propias carnes”.

Hoy, día 12 de noviembre de 2014, tan solo faltan 81 días. No es por meterme presión, y menos en esta semana de vacaciones que nos han regalado antes de empezar la tercera vuelta. En realidad es un gran alivio. Y es que, sólo quedan 81 días de despertarnos temprano y pautar diariamente un plan de estudio. 81 días de vivir rodeados de post-its con miles de reglas nemotécnicas (Uno para papi, generación del 27 o la magia del mi glande) que tan rápido entran como se olvidan cuando estas delante del simulacro. 81 días de acabar semanalmente con 1 subrallador amarillo, un bolígrafo y como mínimo liquidar varias paginas de una libreta. 81 días de incertidumbre mezclada con presión y unas gotas de monotema.

81 días para ejercer ese derecho tan preciado que todo graduado en medicina se merece después de 6 años y varios meses de curro: DESCANSAR

Eso si, no vayamos a estropearlo ahora. Que como dicen algunos sabios, entre los que ronda mi padre, más vale arrepentirte por lo que hiciste que no por lo que nunca hiciste. Y por hacer, que no quede!

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Okinawa i la penúltima fita

Avui és d’aquells dies que et generen neguit i et fan pensar. No estic pas nerviosa perquè aquesta tarda tingui un examen, ni tampoc perquè no hagi estudiat gaire o per saber que ens preguntaran (és més que evident!).

Estic nerviosa perquè estem a menys de 3h de presentar-nos al nostre penúltim examen de la carrera.

I és que sisè és l’any del…..#janotornarem! Ja no tornarem a matricular-nos al juliol (tot i que alguns mai ho hagin fet a temps), ja no tornarem a anar al hospital a fer pràctiques, ni tornarem a descobrir una nova assignatura que ens atraparà de bon grat. Cada dia que passa el vius com un adéu, però a l’hora com un comiat a una experiència inoblidable que t’ha marcat els últims 6 anys de vida.

Sisè és una experiència….poder la gran experiència. Descobreixes que saps més del que et pensaves, tastes per primera vegada el gust agredolç d’un simulacre del MIR, aprens coses que mai fins ara havies pensat que formaven part de la medicina i sobretot assumeixes que tu i  la gent amb la que has compartit diàriament milers de vivències, sereu metges en un obrir i tancar d’ulls.

Companys, amics, gaudiu de cada un d’aquests dies i no dubteu en sentir el neguit i pensar en com de genial ha estat l’experiència.

Un somni amb nom pròpi: Aflao

“Anna, la vida està feta de somnis i els somnis són el motor de la vida” – deia el meu avi quan de petita li deia, que de gran volia ser metge. I si, tenia molta raó.

Aquests últims anys de la meva vida han estat plens de somnis: somnis a curt i a llarg termini, somnis impossibles, somnis fets realitat, però somnis, al cap i a la fi.  Ara fa aproximadament 7 anys somiava amb entrar a la facultat de Medicina per fer-ne realitat un que havia tingut des de ben petita (tot i que no us enganyaré, també vaig tenir una època hippie en el meu somni era ser ambientologa), i dintre de just 2 mesos (i si tot va bé, i els exàmens no ens escalden) serà realitat.

Durant aquests anys també he anat creant nous somnis. Un d’ells, marxar com a voluntària  a algun país en vies de desenvolupament per tal de viure l’experiència de la cooperació, quelcom que tants diuen és, una vivència que et canvia la vida.

Per sort una fantàstica companya de la facultat, l’Aida, s’ha involucrat total i apassionadament en un gran projecte que de ben segur tindrà els seus fruits. Un projecte de cooperació a nivell internacional, a Aflao, un petit poblet al sud de Ghana. Un projecte que té com a objectiu no només el fet d’aprendre una medicina totalment diferent (el que alguns metges en diuen “de mínims”) sinó quelcom 1000 vegades més important, servir com a eina i recurs per formar, en la mesura del possible, i intentar iniciar projectes per tal de contribuir en l’ajuda al desenvolupament.

Aquests dies no hi paro de pensar. Toca preparar la sol·licitud per poder participar del projecte. Toca redactar una carta. Toca redactar un curriculum. Toca pensar en el futur. En un somni que poder es farà realitat, això si, al febrer del 2015.

Però….buf, que lluny queda! (i quants simulacres encara per fer i sobretot, corregir!)

Això si, res millor que recordar la frase del avi com a benzina per aquests durs mesos que venen: “Anna, la vida està feta de somnis i els somnis són el motor de la vida”

Imatge

Un dia especial

Avui és un dia especial, i no precisament perquè estreni aquest blog, que pretén ajudar-me durant els durs mesos que venen a fer un buidat d’experiències i  d’emocions. És un dia especial, perquè avui i durant aquesta setmana, trien plaça per fer l’especialitat mèdica els nostres companys i amics que tot just fa un any estaven ben bé en la mateixa situació que nosaltres (actualment estudiants de 6é de medicina) avui mateix.

Avui és un dia especial perquè,  tot allò que han desitjat durant tants anys i que tant esforç els ha costat es veurà premiat immediatament després de prémer el botó que assigna l’especialitat escollida i el lloc on la faran a una de les sales del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad de Madrid. Un dia en que els aspirants i futurs aspirants, familiars, amics i tafaners col·lapsen la web mentre refresquen la plana en busca de noms coneguts.

Avui és un dia especial perquè a la distància, els que anem just darrere vivim emocionats la tan coneguda “tria” i només podem parar de pensar en un futur bastant immediat, que anirà acompanyat de moltes hores, dies, setmanes i mesos d’esforç. Un dia en que, “las neuronas acaban fritas!” tal i com diu en Punset.

I si, avui és un dia especial. Un dia que els marcarà un abans i un desprès, un dia d’emocions i nerviosisme; un dilluns qualsevol que segur, mai oblidaran.