El gran doctor

Lo oigo llegar por el pasillo. Hoy el “gran doctor” llega tarde a su consulta (como casi cada dia). “Que más dará, llevan más de medio año esperando…por 15 minutos no se morirán!”, dice en voz alta mientras su enfermera sonrie y asiente con la cabeza, dandole la razón como a los tontos.

Él, casi un ser supremo. Yo, una simple residente de medicina de familia de primer año (“Ah, pero no te dio para nada mejor?”). Él, es como Messi. Yo a su lado, una jugadora de tercera regional recien llegada a la que “le queda tanto por aprender”. Él, un doctor de pies a cabeza, con más titulos que la nobleza; uno de esos a los que un dia se les olvidó (o quizas nunca supieron) lo que supone ser médico.

Lo miro fijamente mientras se pone su bata blanca e impoluta y entrecierro los ojos. Me parece verle levitar a unos centimetros del suelo; solo me lo parece.

Despues de casi 20 minutos comentando la jugada con sus compañeros (y ya van 35 minutos de retraso), tiene a bien empezar a pasar visita sentado en su gran trono. “Que pase el primero. A ver que narices le pasa”.

El paciente entra temeroso a la consulta. “Buenos dias, señor doctor”. El “gran doctor” no tiene tiempo que perder. Hoy tiene comida en aquel gran restaurante con su amigo el del maletín.”Bien usted dira…”.

Escribe cuatro cosas y pregunta dirigidamente, no vaya a ser que el paciente se vaya por las ramas. En cierto momento me da la sensación que establece contacto visual con el paciente, pero solo es una sensación. En verdad, esta mirando el reloj de la pared (un regalo de aquellos que cada año recibe y si no, reclama a su amigo el del maletin), mientras piensa en lo lentas que pasan las horas.

Escribe cuatro cosas más y se dirige al paciente: “A la camilla que lo miro”. Y eso hace, mirar sin observar, sin explorar; tan solo mirar. Pero es que no lo necesita. El es el “gran doctor”. 

“Bien, doctora, usted dirá. Que tiene el paciente?”. Ahora la temorosa soy yo. Tartamudeo y suelto una palabra cohibida. El “gran doctor” sonrie. “Seguro?”. Digo otra palabra. “Ui, que mal la veo doctora”.

Después de esto, viene su turno. No balbucea, esta convencido. “Fuma verdad?”. El paciente asiente con la cabeza y suelta un: “Ahora mismo estoy pasando por un mal momento”. Pero eso al “gran doctor” no le interesa lo más mínimo. Él esta alli para salvar vidas, no para escuchar las miserias de nadie. “Lo que tiene es algo malo. Veremos lo que puedo hacer por usted”. Lo deja ir como un peso muerto, sin tener en cuenta a la persona que tiene delante suyo. Para que?

Y así pasa la mañana el “gran doctor”, hasta llegar al último paciente. Se saca la bata, sonrie con su dentadura perfecta y deja ir un: “Bueno doctora, hoy ha aprendido medicina eh?”.

 

 

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